AL OTRO LADO DE LA CALLE DEL OTOÑO

sábado, 13 de julio de 2013

Llover

 A veces hace falta sentirse mal con uno mismo para darse cuenta de lo que pasa, lo que nos pasa.
 Chocarse contra la pared del egoísmo. Derrumbarse con ella.
 De vez en cuando los golpes de agua fría son necesarios. ¿Lo son? Hoy entiendo, casi seguro mañana olvido.
 Así se recorre, en un círculo que parece sin final, la luz de la caída. O la sombra... ¿de la subida?
 Subir y caer al mismo tiempo. Vértigo que se vuelve espiral. La cabeza me da vueltas y no sé dónde tengo que mirar. El eje se desbalancea y aunque la postura aparenta lo correcto, el giro sale mal. Siempre mal.
 Pienso en tu abrazo, entonces es ahora cuando los ojos se me encierran en imágenes que no sé si quiero ver. Los párpados se arrugan con fuerza extrañándote. En un bosque sin sol los árboles no crecen. Negro. Las lágrimas llueven, pero no quiero hacer ruido. ¿Sale el sol después de la tormenta?
 Necesito evaporar.

2 comentarios:

  1. Pero a veces el sentirse mal ayuda, a veces no se descubre que es lo que hay que cambiar. A veces después de la tormenta, vienen días nublados.
    Debería escribir algo más alentador, pero estoy con unos días nublados. Mañana no sé.
    Pero tal vez mejore. Tal vez es que no he llegado a la alturas de unas expectativas, que afortunadamente mantengo.

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    1. Te entiendo. Estoy igual. Creo que hay que saber que aunque el sentimiento sea feo, es necesario.

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