AL OTRO LADO DE LA CALLE DEL OTOÑO

lunes, 30 de junio de 2014

 Luz oscura de aire incompartido. Encierro.
 Olor putrefacto que envuelve desde adentro. No crece ni el agua estancada, por estancada.
 La mirada o las miradas desaparecidas entre los espacios eternos y etéreos de vacíos insoportables.
 Se pierde hasta la atmósfera acá adentro. ¿Hay adentro en este mundo? Somos todo afuera, sin puerta que nos cierra y sin embargo me encierro.
 Roce de nada que siento como todo. Lo más inexistente me toca como real. Quiero ser tu irreal, para hacerte existir.
 Como cama sin tu cuerpo, como hogar sin alma por la ausencia de morir, como la hoja en blanco antes de describir el todo; imposible. La fiebre expande la tristeza de no percibir ni lo sutil del respirar. Desencontrada de nuevo la salida hacia el esperado sentir, muerte en el mismo momento del volver a recordar.

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